El plan maestro de Arbeloa para salvar el año al Real Madrid

AA Álvaro Arbeloa se le acaba el tiempo para salvar su temporada. Fuera de la Copa del Rey, eliminado por el Albacete, y con LaLiga en una posición casi quimérica, el técnico se juega la temporada -y probablemente más- en la Liga de Campeones, ese territorio donde el Real Madrid suele encontrar argumentos incluso cuando todo lo demás falla.

La derrota en Son Moix (2-1), pobre en juego y novedades, dejó al equipo a siete puntos del Barcelona a falta de ocho jornadas. Una distancia que, más que exigir coherencia, exige un cambio de suerte. Así que la atención se centra naturalmente en el Bayern de Múnich, la próxima prueba y el verdadero juez de la temporada.

El camino es claro y empinado.

Cinco partidos de primer nivel si Arbeloa quiere sostener su candidatura al banquillo del Real Madrid. Dos duelos contra el Bayern de Múnich en cuartos de final, dos más en una semifinal que podría enfrentarse al PSG o al Liverpool y una final en Budapest que hoy suena lejana pero es el único gol que compensa el esfuerzo. En LaLiga sólo les queda aferrarse a un golpe en el Camp Nou y esperar que el líder se desmorone. Por lo que vimos en Mallorca no invita a pensar en ello.

Los números tampoco ayudan. La comparación con Xabi Alonso, al que Arbeloa sustituyó en el banquillo, no es favorable. El actual técnico del Real Madrid ha dirigido menos partidos (18 encuentros frente a 28 de Alonso) y ya ha igualado su número de derrotas: cinco (Albacete, Benfica, Osasuna, Getafe y Mallorca). Una estadística que, en el Real Madrid, tiene peso.

Hubo un falso amanecer tras el revés ante el Getafe (0-1): la eliminación del Manchester City en la Liga de Campeones y las victorias ante Celta, Elche y Atlético de Madrid mostraron un equipo reconocible, con cinco victorias consecutivas y una idea clara. Pero bastaron unos pocos ajustes para que el mecanismo fallara.

El bloque que funcionaba -Valverde, Pitarch, Tchouameni, Guler, Brahim y Vinicius- se vio alterado en Mallorca: la sanción de Valverde, el descanso de Vinicius y Pitarch y la vuelta de Camavinga, junto a la apuesta por el joven Manuel Ángel, cambiaron el equilibrio.

Y Mbappé apareció, recuperado de su lesión de rodilla, como único argumento en una primera parte en la que el Real Madrid fue poco más que su delantero, detenido por Leo Román. Además, en el 1-0, Camavinga fue señalado por su inexistente retirada. El resto simplemente no apareció.

Ni siquiera los cambios ofrecieron respuesta. En la segunda parte no hubo reacción y la única luz fue el regreso de Militao, 24 partidos después, con un cabezazo con el que mostró su jerarquía. Con el brasileño en forma, el centro de la defensa tiene dueño y Arbeloa tendrá que decidir quién cede su lugar: Rúdiger o Rafael Obrador.

El tiempo, mientras tanto, no se detiene. Arbeloa tiene apenas 48 horas para volver a acertar ante el Bayern. En ese lapso, está en juego mucho más que un resultado. Antes del partido contra el Mallorca, Arbeloa habló de su futuro con una serenidad que contrasta con el ruido del ambiente:

«No estoy nada preocupado. Lo he dicho muchas veces: estaré aquí hasta el día que el club quiera que esté. Estoy muy feliz y mi único objetivo es ayudar a los jugadores a ganar títulos. Eso es lo que quiero, que el Real Madrid siga ganando títulos. Quiero ayudar, aportar mi granito de arena. Pero lo importante es que gane el Real Madrid. Quien esté en esta silla, estaré feliz si gana el Real Madrid. Y ese es mi único objetivo».

Y ahí está la cuestión, casi como una vieja ley no escrita del Bernabéu: el técnico vive del resultado y se explica en Europa. Arbeloa todavía tiene esa puerta abierta. No es poca cosa, pero tampoco da demasiado margen. En el Madrid, al final, todo se reduce a ganar y hacerlo a tiempo. Próxima parada, Bayern Múnich.

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